COLUMNAS

Estancamiento igual a recesión o recuperación 

Víctor Barrera

En los próximos meses el estancamiento de nuestra economía podría empezar a cobrar nuevamente la factura en algunas empresas que podrían cerrar, por la falta productividad y de ventas. 

Esto derivado de la más reciente información otorgada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), que coloca a la baja el índice de confianza del consumidor. 

Este índice de confianza lleva tres meses consecutivos a la baja. En julio tuvo una reducción de 1.7 puntos y se encuentra en un nivel de 41.3. Para ponerlo en perspectiva, estaba en 44.2 en mayo.  

El nivel más bajo registrado en la última década fue en mayo de 2020, cuando tocó un piso de 31.2. Esa es la fotografía de un momento en el que comenzaba la pandemia del covid y la economía operaba en condiciones de restricciones muy severas. 

Ahora ante el estancamiento de nuestra económica aunado a los niveles altos de inflación, muchos consumidores empiezan a ser más selectivos sobre lo que compran y también sobre la ventaja de evitar en unos meses más hacer compras de algunos productos más caros. 

Es por ello que el consumo más importante es en   ropa, calzado y bisutería, mientras   que cae la compra de abarrotes, alimentos y bebidas. A simple vista estas señales serían contradictorias, pero reitero mucha gente está  comprando  ahora lo que después podría salir con un precio más alto. 

Entender a los consumidores y observar su comportamiento resulta fundamental para anticipar lo que pasará en la economía y los negocios.  

El consumo representa dos tercios del Producto Interno Bruto. Si solo consideramos las cuentas nacionales, podemos decir que la aportación de los consumidores a la economía es tres o cuatro veces más grande que la inversión privada y más de 20 veces mayor que la inversión del Gobierno. 

Entonces la información que presenta el INEGI sobre la confianza de los consumidores, es sumamente relevante. 

Debo destacar que, la medición que nos presenta el INEGI, corresponde al quinto mes del año en curso.  Y se destaca que las ventas de productos textiles, bisutería, accesorios de vestir y calzado subieron 11.9 por ciento, mientras que las ventas de abarrotes, alimentos, bebida y tabaco cayeron 4.5 por ciento, respecto a mayo de 2021. 

El segundo rubro que más creció incluye artículos para el esparcimiento, subió 9.2 por ciento, en contrapartida, el segundo renglón que más cayó es el de artículos para el cuidado de la salud, que registró un decrecimiento de 1.5 por ciento. Los datos que ofrecen las ventas por tipos de artículos no parecen ser muy lógicos, pero el comportamiento económico no tiene por qué ser el paradigma de la racionalidad.  

En un contexto de inflación y enfriamiento del mercado laboral, los consumidores están comprando artículos de uso en tiempos más largos. 

Mientras que los gastos en lo básico, que no son muy constantes, se mantienen a la baja. En un periodo de estancamiento, se procura no gastar demasiado y destinar lo suficiente en alimentos, pero ante un mercado interno deprimido, el cierre de empresas puede ser la factura de decisiones mal tomadas desde el gobierno federal. 

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