COLUMNAS

A LA MEMORIA DEL CAPITÁN PILOTO AVIADOR LEOPOLDO RAMÍREZ D´STEFANO  

Roberto Femat Ramírez

 

Aquella mañana 25 de enero de hace 52 años todo se pintó de tristeza. Murieron 14 colegas periodistas y cuatro miembros de la tripulación en el accidente de aviación ocurrido en el cerro de El Mesón, muy cercano al aeropuerto de Poza Rica.

 

Comisionados por sus respectivos medios, Reporteros y Fotógrafos que fallecieron en ese fatídico suceso, vistieron de luto a sus familias y amigos, a las redacciones y a toda la sociedad. Lo mismo ocurrió con quienes tripulaban la aeronave, capitaneados por Leopoldo Ramírez D´Stefano.

 

Todos acudían a cumplir con la cobertura de una más de las etapas de la gira proselitista de quien meses después sería investido Presidente de la República, Luis Echevarría Álvarez.

 

Quien esto escribe, entonces, se hallaba laborando en la “guardia” matutina del periódico La Prensa. Efectivamente, era una fría mañana de domingo en invierno que no parecía pronosticar noticias espectaculares que no fueran las dominicales.

 

(En adelante me voy a conceder la licencia para escribir en primera persona. Ustedes disculparan).

 

Colocaba cuartillas y papel carbón en cada uno de los escritorios de los reporteros que más tarde llegarían, verificaba que la cinta de tinta de las máquinas mecánicas estuvieran dispuestas a los teclazos; transmitía telefónicamente las órdenes de trabajo que el entonces Jefe de Información, Jorge Herrera Valenzuela, había dispuesto para cada uno de ellos. Procuraba, pues, cumplir con mi responsabilidad de Ayudante de Redacción.

 

Una más de las tareas que también me agradaba desempeñar era la de sintonizar la televisión, obviamente en blanco y negro, con tremenda antena que continuamente había que colocar con la inclinación adecuada, la cual estaba al fondo de la entrañable Sala de Redacción, justo a un costado de la llamada Sacristía y de la oficina del Jefe de Redacción, don Rogelio Rivera Sauceda. Todo en Basilio Vadillo 40, 5º piso.

 

Allí estaba transmitiendo en el canal 2 Jacobo Zabludovsky en su programa matutino de cada semana.

 

No recuerdo en que momento, pero informó de la fatídica noticia.

 

“Se ignora si haya sobrevivientes”… dijo y con voz entristecida el gran Jacobo. Y más adelante se dio a la tarea de leer el listado de quienes viajaban en la aeronave accidentada.

 

Escuché entonces dos nombres muy conocidos: Jesús Figueroa Ballesteros y Rodolfo Martínez (El Greñas). Reportero y fotógrafo de La Prensa. No recuerdo si lloré, pero lo que sí me ocurrió fue un gran dolor por la pérdida de Chucho, quien recién nos había abandonado en el grupo de Ayudantes para ser ascendido a Reportero.

 

En eso estaba cuando repiqueteó uno de los teléfonos, creo que el del número 12-19-89. “Redacción de La Prensa, a sus órdenes” expresé ante el auricular.

 

Una voz firme, recia, pero muy familiar, me respondió ordenándome que preparara todo para que, tuviera lo necesario a quien en unos minutos más, arribaría: el director general del diario que “dice lo que otros callan”, don Roberto Ramírez Cárdenas, mi tío.

 

“Ya supiste del tremendo accidente”, me gritó. Yo le respondí: “sí señor Director, Chucho, el Greñas”…

 

… continuó diciéndome… “y tu primo Polo”. Sentí un golpe más y muy duro.

 

Efectivamente, don Roberto, como le llamábamos todos en el periódico, era hermano de mi mamá Elena; y Polo (Ramírez D´Stefano) fue hijo de Antonio otro de sus hermanos, con los mismos apellidos, quien piloteaba aquel DC-3 –creo- de la Comisión Federal de Electricidad.

 

Era mi primo hermano.

 

Orgullo familiar y motivo de presunción para todos quienes lo conocimos.

 

La víspera del accidente, Polo estuvo en una fiesta infantil en casa de Ricardo Femat, mi hermano uno de los otros 6 mayores que tengo, y allí confesó “ya la hicimos… soy piloto en la gira del próximo Presidente.

 

Le llamábamos Polo D´Stefano para distinguirlo del otro primo Leopoldo Ramírez Limón a quien coloquialmente le decíamos Polo Limón.

 

Al piloto que casado con Luly Rojano, se les negó la posibilidad de tener hijos durante sus primeros años de matrimonio, decidieron adoptar a dos lindísimas niñas; luego de que esto ocurrió, lograron finalmente embarazarse y procrearon a “cuates” apenas unos meses antes de aquel doloroso percance de hace 52 años.

 

 

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