COLUMNAS

Qué penoso es ser damnificado en México

CIRCUITO CERRADO

 

HÉCTOR MOCTEZUMA DE LEÓN

 

Qué penoso es ser damnificado en México. Los mexicanos que por desgracia tienen que desalojar sus hogares o de plano perderlo todo como consecuencia de un fenómeno natural -ciclón, sismo, inundación o cualquiera otro-  y tienen que pasar por un verdadero viacrucis para recuperar su hogar y sus pertenencias, acercarse pues a una vida normal como la que tenían antes de la catástrofe que les cambió la vida radicalmente.

 

En nuestro país la Coordinación Federal de Protección Civil y sus similares en los estados y municipios del país, sirve para lo que se le unta al queso. Realmente no existe la protección civil para la población que sufre los embates de los fuertes vientos que provoca un huracán o las inundaciones como consecuencia de las fuertes lluvias, o el movimiento telúrico que se presenta en algunas ciudades como en la capital del país.

 

En México no hay un sistema de alerta confiable que avise a los habitantes de las zonas más vulnerables del país, para que tomen las previsiones que les ayuden a afrontar el problema con menores consecuencias. Todo se resuelve sobre la marcha y los damnificados pasan a ser parte de la estadística.

 

El ejemplo de lo que pasó en Tula, Hidalgo es más que elocuente. Una vez que la tragedia se presenta las autoridades de los tres niveles de gobierno se echan la bolita y al final nadie es culpable de una catástrofe que afecta a miles de mexicanos, la mayoría en situación de pobreza y sin recursos para poder paliar los daños.

 

A lo más que llegan las autoridades del ramo es a proponer el desalojo, pero la mayoría de los habitantes de las zonas en peligro se niegan a abandonar sus hogares por miedo a que les roben sus pertenencias, no hay confianza y en ocasiones los miembros de los cuerpos de seguridad son las que que saquean las casas. En estos casos, las familias sólo tienen la opción de un albergue en donde tienen que pasar el día y la noche en condiciones deplorables.

 

Y lo peor es cuando las personas reclaman una ayuda para recuperar los bienes perdidos durante la contingencia, reciben cualquier bicoca que no les alcanza ni para comprar un colchón en donde puedan dormir, o tienen que dar vueltas y vueltas para obtenerla. Y eso después de pasar por un censo para el cual realizan una serie de trámites que no son nada fáciles porque hay que enfrentar a burócratas cerrados y presentar documentos que muchas veces se pierden.

 

El gobierno de la 4T desapareció el Fondo Nacional de Desastres, (Fonden) y ahora presume que los apoyos se entregan directamente a la población afectada para evitar las corruptelas, pero hasta ahora no se sabe que las entregas hayan cambiado la situación para los afectados por estas tragedias.

 

*****

Ponle vigilancia especial a Pío López Obrador porque ya nos tiene hartos con sus solicitudes de ayuda para el movimiento le dijo el entonces gobernador de Chiapas, Juan Sabines a sus encargado de investigaciones políticas de su gobierno. Estamos hablando de hace más de 10 años…Mi solidaridad con el reportero de Crónica Daniel Blancas quien fue víctima de la jauría que controla, en las mañaneras de Palacio Nacional, Jesús Ramírez Cuevas, por el sólo hecho de ser una voz discordante y muy informada en lo que el presidente llama un nuevo ejercicio democrático.

 

circuitocerradi@hotmail.com@HctorMoctezuma1

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