COLUMNAS

Los sirvientes…

De memoria

Carlos Ferreyra Carrasco

Asistí a una cena real con sus majestades los monarcas de Suecia. Un protocolo rígido y un servicio a cargo de lacayos, hombres de edad muy madura antiguos empleados públicos que al llegar a la jubilación, alcanzan este servicio que consideran un honor total.

Los lacayos pueden pertenecer al partido político de sus preferencias y practicar la fe religiosa que más les atraiga. La satisfacción es servir en el Palacio Real y por ese conducto a sus connacionales.

Algo similar comienza a pasar en México, pero aquí con la diferencia de que amontonan a quienes defeccionan de los partidos de oposición. Resulta claro, sin equívoco posible, que el trasiego de políticos certifica lo que sabíamos.

Sin ideología determinada, salvo vacíos pronunciamientos en los que se acercan unos a otros, hasta formar la pirámide donde en la punta sólo cabe el Gran Tlatoani, el Sumo Sacerdote dueño de la verdad única y dictador del futuro de la Nación.

Encontramos diferencias básicas entre políticos nacionales y suecos. Mientras aquellos son lacayos que conservan creencias sociales particulares o colectivas, en México lo que escasamente conseguimos es sirvientes sin moral política ni conciencia social.

En nuestra vida cotidiana y en apego a la nueva realidad, dicen transformadora, debemos aceptar que el trabajo como político en cualesquiera de sus vertientes, no es diferente a la labor elemental, por encargo, de un repartidor, de un mensajero.

No existen ideologías que separen los también inexistentes proyectos sociales o, genéricamente, de gobierno. Son seres unicelulares que nada más reaccionan ante la posibilidad de verse fuera del mundo soñado de las ilusiones. Sin esfuerzos físicos ni mucho menos intelectuales.

Vimos antes con que desaprensiva irresponsabilidad Morena rifó o distribuyó curules para sus simpatizantes, no necesariamente militantes. La esperanza de un día arribar al paraíso de la influencia y la impunidad, resultó exitosa en la captación de votantes.

Hoy no se trata de algo tan simple sino de la cooptación de todo aquel dispuesto a aceptar la subordinación irrestricta a cambio de la promesa de seguir compartiendo el festín. Dice el líder morenista de los diputados, y más parece anuncio de lo que pasará, que necesitan 68 legisladores más para concretar los cambios constitucionales.

Ojo: el individuo éste cuyo nombre es perfectamente prescindible, recalca, precisa y advierte que son propuestas, intenciones o deseos del presidente López.

La integración de Quirino Ordaz, sin duda cabeza de playa del narco sinaloense en España, y el anunciado abandono de Echevarría a su partido, y aparte el reintegro de riquezas malhabidas de Cesar Duarte, son el inicio de la diáspora opositora.

Y la confirmación del gobierno de un solo hombre empeñado en rascarle la panza al tigre vecino. Para continuar la represión contra los inmigrantes, pidió ml 450 millones de dólares que le negaron, a cambio, López buscará encabezar a los países latinoamericanos para sustituir a la OEA por una alianza que excluya a Estados Unidos…

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