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Reportera y vendedora ambulante con dignidad y orgullo; vergüenza, nunca trabajar pero ser hoy empresario rico e hijo de Presidente

Socorro Valdez Guerrero

Su imagen sencilla, sobre todo digna, me recordó la de muchos, incluso la propia. 

Pensé en dignidad, en leyes, en derechos, en la ¡Carta Magna!

Reparé, ¡es boliviana!, creí ¡Mexicana! Por la similitud de vida y profesión.

Imaginé las condiciones de muchos y vi rostros de ¡Dignidad!

Nosotros mexicanos, ella -Karla Beahed Villarroel-, boliviana, en busca de subsistir.

Eso me remonta al ayer, me ubica en el hoy de muchos, sin trabajo ni dinero.

Vender como ella en la calle, sin vergüenza, con la frente en alto y la dignidad en la piel.

Como muchos trabajadores con profesión, que terminan en oficios o actividad comercial.

Mujeres, como otras, como otros, con labores de  ¡Dignidad!

Taxistas, taqueros, repartidores, trabajo también honesto.

O esa juventud, que egresa de la universidad, sin empleo, y buscan un delantal para vender tacos.

Como ella, cómo otros, otras, no simulan, ¡trabajan! 

La estrategia es triunfo, de la mano con el ¡Esfuerzo!

La admiré más, porque como muchos, su ejemplar actitud, se forja en lo honesto.

Nunca al amparo de aplastar a otro, de violar derechos, de pisotear las leyes o abusar.

¡Hasta niños! Son evidencia del se puede una vida honesta, digna. 

Así es diario cuando ves a esa anciana que vende dulces, aún con la dificultad de caminar. 

A ese que sale en muletas, recorre calles y comercializa sus productos.

El jubilado que además de una jornada con salario raquítico, limpia casas y vende chacharas.

La secretaria que en sus ratos libres ofrece de todo o quienes en un crucero limpian tu sucios vidrios.

Reporteros, que además de informar, en su día de descanso, venden productos.

Yo, ellas, ellos, lo han hecho igual, con la dignidad de lo honesto como la boliviana para sortear un bajo salario o el desempleo. 

¿Eso es de ¡vergüenza!?, claro que no.

Vergüenza es ¡Violar la ley, promover o solapar el delito, la corrupción, el abuso.

La miro a ella, una joven tan  frágil, y tan digna, que siento orgullo ejerza la misma profesión que yo, ¡Reportera!

Veo los memes y leo las burlas.

Me ¡Indigna! La ¡Hipocresía! 

El silencio a lo deshonesto, a lo indecente.

Vergüenza que desde lo institucional protejan y vuelvan ¡Impune! 

Que al amparo del ¡Fuero! Violen niños, agredan mujeres y abusen de trabajadores.

Afrenta, esa vileza del poder que divide sectores, enfrenta mexicanos. 

Poder que ¡Daña! Y sólo asombra y se ¡Encubre! 

Historias las hay muchas, arriba y abajo.

De inspectores, policías, y hasta jueces, que al amparo de una norma o ley, abusan del ciudadano, del trabajador honesto.

Sin vergüenza ni pudor, con espanto y sin castigo.

¿Vender en la calle denigra la imagen de un gremio, de cualquiera?

A diario miles de actitudes y acciones son de ¡Vergüenza! Y desprestigio.

Y no se ¡Castigan!, sólo se exhiben, se viralizan y se asumen como normal.

Unos por conservar trabajo, otros por temor, y los muchos, porque ¡No me pasa a mi! ¡Egoísmo! 

Eso, eso sí es de ¡Vergüenza! Es ¡Indigno!

El trabajo, la lealtad y los principios, jamás lo serán, porque se llama, ¡honestidad, simple ¡Honestidad!

Mirar sólo con estupor a quien recibe dinero, y luego justificar, “era un ¡Préstamo!”, es de ¡Vergüenza!

Silenciar ante el uso del poder para causar daño, solapar al reportero que abusa laboralmente, es ¡Desfachatez!

Y en un gremio de periodistas, de ¡vergüenza! Es aceptar y callar abusos.

Intrigar en la sombra, afectar a otro, ¡cobarde! Y ¡Vil!

Ver crímenes, y sólo lamentar, sin unión, sin exigencia de justicia, ¡Falso!

Vender empanadas o sándwiches; ir en busca de mejorar las condiciones económica ¡Nunca será vergüenza! 

Es ¡Un orgullo de mujer! 

Reportera, como muchas, que hacen de la profesión, un trabajo honesto, y no mercantilismo vil.

Muestra en acción, sin verborrea ni desgarre de vestiduras, de la ¡Dignidad de ser mujer reportera!

Ejemplo que como muchas de ellas, sólo las critican por ¡Hacer! 

Por buscar otra labor y subsistir. 

Vergüenza es la imagen de un funcionario que recibe un maletín de dinero y sigue de dirigente.

Vergüenza, ver muertos y un Metro devastado, y no castigar a nadie, sólo aceptar un renuncia.

Vergüenza, que sólo con sorna, se vea a los hijos de él, que nunca trabajaron y son prominentes empresarios.

O qué él y ella, funcionarios manchados de sangre y muerte, aspiren a la presidencia de la República, gobiernen una ciudad y difundan la política interna en el mundo.

Todo eso, ¡sí! Es una ¡deplorable vergüenza!

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