COLUMNAS

UN PRIMERO DE AGOSTO SINGULAR

Jorge Meléndez Preciado

La primera consulta popular que se hará en México por ley está levantando una gran polémica en muchos círculos sociales. Y polarizando, todavía más, la ya existente división que padecemos.

De cómo termine, sabremos si fue no únicamente un acierto o error gubernamental, sino qué hacer para tranquilizar a los grupos que se enfrentan con todo para los próximos años en la arena política.

En los medios tradicionales, el asunto ha pasado desapercibido y sólo diferentes articulistas han dado opiniones contrarias a dicho ejercicio. Para José Carreño Carlón (El Universal, 28 de julio), ex secretario de Prensa de Carlos Salinas y director del FCE con EPN, el asunto es cantinflesco. Algo similar opina Carlos Marín y algunos adversarios notorios del actual gobierno federal.

En La Jornada, en los más recientes días han aparecido cintillos que muestran los despropósitos de  regímenes anteriores. Incluso en el muy consultado portal, Sin Embargo (28 de julio), se publica una investigación acerca del sexenio de Vicente Fox donde hubo: “Corrupción, nepotismo, engaño, derroche”. La administración vicentista fue “La profunda decepción”. Y así ha analizado a otros Salinas, Zedillo, etcétera.

Los caricaturistas de La Jornada, obviamente, han contribuido a poner el acento en las muy gravísimas fallas de los anteriores sexenios.

Genaro Lozano (Reforma, 27 de julio) ha dicho que con todos los defectos existentes en la consulta, por la enrevesada pregunta y más, hay que ir a sufragar.

La batalla ha tenido un aparente balance a favor de ignorar o desestimar este ejercicio, entre otras cuestiones porque para ser vinculante se necesitan más de 37 millones de participantes.

Pero en la Plaza Pública (saludos, don Miguel Ángel Granados Chapa), la conversación es que por primera vez se toma en cuenta a la ciudadanía, que es obligación mostrar nuestro rechazo a los gobiernos anteriores que nos arruinaron, nos engañaron e hicieron lo que les dio la gana en todos los terrenos.

Cuando se está dando esta discusión nos llega un recado de qué es la justicia mexicana.

Luego de 16 años de buscar la aplicación de la ley a su arbitrara detención, las torturas sufridas, los actos de impunidad de la policía y su encarcelamiento porque le dio la gana a un empresario libanés, Kamel Nacif, la periodista Lydia Cacho recibe una sentencia de dos magistradas de Quintana Roo: Celina Avante Juárez y Graciela Bonilla González, desechando las acusaciones contra el mencionado sujeto y exonerándolo a él y próximamente a otros por los múltiples delitos que cometieron, entre ellos la trata de personas.

Kamel, por cierto, fue grabado ordenándole a Emilio Gamboa Patrón, líder del PRI en el Senado de la República hace tiempo, echar atrás una ley que le perjudicaba. Así quedó demostrado que el poder económico avasalla al político como en el caso de Gamboa y el de Mario Marín, ex gobernador de Puebla, que ordenó detener en Cancún a la autora de: Los demonios del edén, por instrucciones precisas de Nacif.

Un botón más que la justicia no opera para los de arriba, igual que en el caso de Cassez e Israel Vallarta, entre miles.

¿Tenemos alguna forma los ciudadanos de someter a los poderosos?

En una encuesta de El Financiero (28 de julio), el 44 por ciento de los interrogados dicen que la consulta sí tendrá consecuencias jurídicas reales; 46 por ciento señala que será únicamente algo simbólico. Y el interés por votar es del 31 por ciento en buena medida; 30 por ciento algo; 18 por ciento poco y 19 por ciento nada. Cifras muy interesantes a pesar de los obstáculos mayúsculos para que haya consecuencias a los que ofendieron al pueblo.

Para que el ejercicio sea algo que tomen en sus manos las diversas autoridades, se necesitan que de los más de 93 millones de inscritos en el INE, cuando menos voten arriba de 37 millones. Y claro, la mayoría por el sí.

El 6 de junio acudieron a las urnas 49 millones y en la elección de López Obrador 50.1 millones.

En 2006, el fraude urdido por Fox y el PRI que ya manejaba Peña Nieto, a favor de Felipe Calderón, asistieron 41.7 millones.

Habrá menos urnas que las habituales, pero es necesario salir, ir a demostrar nuestro descontento con los que nos han y siguen oprimiendo y decir: ¡ya basta de abusos!

Para Ricardo Monreal, será difícil que la Consulta logre sus fines. Buena expresión de quien debería ser uno de sus impulsores.

Con todo, allá nos veremos, nuevamente, en las casillas.

jamelendez44@gmail.com

@jamelendez44

 

 

 

 

 

 

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