COLUMNAS

Candidatos: ¿dónde están?

De memoria

Carlos Ferreyra Carrasco

Todavía en la anterior elección, hice tres años, detectamos una cierta pugna entre aspirantes, mítines y hasta broncas entre simpatizantes de quienes iban tras el mismo hueso.

Antes no había pasión, de hecho en mi longeva existencia nunca pude apreciar tal hecho, que pertenece a mi toma de consciencia ciudadana, digamos en las elecciones presidenciales de 1952 entre Adolfo Ruiz Cortines y un generalote de apellido Henríques Guzman cuya aspiración real era la obtención de contratos y prebendas.

Salía de la infancia y eso escuchaba en las pláticas de mi padre con otros familiares.

El tiempo les dio la razón y a pesar de los encuentros entre los bandos en pugna, algunos con víctimas fatales, la masa, el pueblo, era azuzado mientras los cabecillas desde la comodidad de sus residencias o sus oficinas, se relamían los bigotes haciendo cuentas de lo que levantarían al final de su administración.

Eso fue el principio de mi interés por los sucesos políticos. Cada seis años y tras el inane juego adivinatorio para anticipar el dedazo del Señor Presidente, los aspirantes a cargos públicos, muy señaladamente diputados y senadores, realizaban faramalleros recorridos proselitistas donde ofrecían el oro y el moro, a pesar de no tener contrincantes.

Cumplían con el rito, la tradición y la necesaria fachada de un país democrático, de un solo partido y quizá, para remachar la imagen, algunos despistados que también hacían campaña desde posiciones de izquierda, pero más como costales de boxeo para ejercicio del que ya estaba decidido.

No haré el recuento de los años, pero merecen mención Jesús Reyes Heroles y José López Portillo que abrieron las puertas para el ingreso de la oposición a ciertos niveles de gobierno.

Nacieron partidos con pretensiones electorales válidas, pero lo mismo surgieron agrupaciones familiares o mafiosas que sobrevivían una elección, perdían el registro pero sus dirigencias se retiraban, satisfechas, con lo acumulado por las prerrogativas.

Casos hubo en que un partido era conformado por el padre, presidente, la madre secretaria general y en cargos menores los hijitos. Con el dinero asignado a la organización adquirían propiedades, negocios y al retirarles el registro, arramblaban con todo.

Entre estos grupúsculos se destacaron el encabezado por Dante Delgado, ex gobernador veracruzano que tuvo su temporada de residencia en el penal estatal por malos manejos y que a pesar de esto, no tuvo obstáculo para pasar a dirigir un partido donde los recursos públicos son fundamentales.

Lo mismo aconteció con el Partido Verde donde a su joven líder le grabaron una conversación con personas a las que ofreció, cumplió y cobró, la apropiación de un manglar en Cancún para levantar allí un complejo turístico. El precio acordado, fue de dos millones de dólares.

Hay otros, actuales pero estos fueron pioneros al encontrar la fórmula mágica para no desaparecer y visto que no cuentan con la militancia requerida, se cuelgan de los partidos mayores, reciben apoyo en votantes y a cambio se suman a las bancadas grandes.

En la época presente encontramos que no hay realmente campañas, que los ciudadanos desconocemos los nombres de quienes serán, por voluntad o fuerza, nuestros representantes.

Lógico si los que hoy disfrutan las mieles del poder, repetirán y según la tradición, los nuevos serán los viejos participantes por diferente partido pero miembros de las cúpulas de los institutos políticos, pasarán sin necesidad de molestas campañas.

Un triste ejemplo de lo qué pasa, es la atención concentrada en el guerrerense buey desmecatado, la promotora y capacitadora de clientas de Rainiere, hoy con sentencia de 120 años por toda suerte de violaciones y perversiones legales.

Sin embargo la verdadera tristeza, basta mirar la fotografía del chamaco, el anuncio del nacimiento de Nuevo León y la ridícula pose, la mirada y el índice al infinito.

Si, Luis Donaldo Colosio, de efigie y copete igual al de Peña Nieto y como a éste, nadie lo acusaría de ser producto del esfuerzo. Creo que su padre se moriría de la risa… o de la vergüenza.

Va por el MC de Dante. Con un ligero barniz y en recuerdo de su progenitor, me imagino ya que está tan seguro de ser el enviado de los dioses, debió participar con la bandera tricolor. Y no participar en un negocio que hace décadas es particular.

Dicen que Dante se muestra feliz porque cree que con el jovencito Colosio podrá llegar a Palacio. O al Castillo, a Los Pinos ya no…

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2 comments

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