COLUMNAS

En recuerdo de Diana Laura Riojas de Colosio

Armando Pacheco

El 18 de noviembre de 1994 falleció en el hospital como consecuencia de Cáncer de Páncreas Diana Laura Riojas de Colosio, quien nació en Nueva Rosita, Coahuila y vivió en Monterrey, Nuevo León. La batalla contra este terrible padecimiento fue de varios años porque ella rebasó por mucho el promedio del cáncer cuando ataca este órgano vital, es letal, dañino y doloroso.

Hoy 26 años después de su partida, con una Pandemia Universal que ha afectado a nuestro país y que día a día arrebata la vida de nuestros hermanos así como a médicos, enfermeras y personal de apoyo, como no extenderles a ellos un eterno agradecimiento.

La prolongación y calidad de vida de Diana Laura Riojas que le permitió rebasar los tiempos promedios de este mal y ser partícipe como esposa de Luis Donaldo Colosio Murrieta de una parte de la historia de finales del siglo XX, no hubiera sido posible sin la dedicación que como en estas fechas del COVID19 lo realizan los médicos, enfermeras y personal del Sector Salud. 

Como no recordar al Instituto Nacional de Nutrición y sus maravillosas gentes en el que Diana Laura se hospitalizo varias veces, la entrega de los médicos y enfermeras, su preparación y conocimientos fue fundamental por estabilizarla y ella aportando su parte para seguir adelante.

Hoy recuerdo su sonrisa  de infinito agradecimiento al personal médico, una sonrisa en la que expresaba un reconocimiento y admiración por estos profesionistas de la salud que hicieron posible que continuara otorgándole expectativas y calidad de vida.

El tiempo parece que se ha detenido hoy siguen trabajando en la línea de fuego, observándolos, admirándolos, escuchamos   día a día como estos héroes se han contagiado o han partido a otro plano mientras luchaban por salvar vidas, revelando siempre una conducta humanista y profesional

Diana Laura era una mujer de su tiempo liberal en pensamientos sin ataduras dogmáticas, alegre preparada de buen trato.

Esta oportunidad de extender su calidad vida le permitió conocer a su hermosa hija. Regreso varias ocasiones como paciente con sus amigos del sector salud el Cáncer es implacable y más en esta región del cuerpo.  

Este año 2020  recordaremos a aquellos mexicanos que han aportado su profesionalismo, conocimientos, valor y en ocasiones su integridad física en beneficio de sus hermanos.  

Los Médicos del Instituto Nacional de Nutrición los  recuerdo con ojeras, desvelados, estudiando en los espacios libres que tenían atendiendo no  solo a Diana Laura también a los otros pacientes hospitalizados con diferentes enfermedades no les importaba el riesgo de contagio aunque se cuidaran, hoy con el CORONAVIRUS no es diferente, su actuación será siempre de profesionalismo, sin temor, salvando vidas u otorgando calidad de vida en casos difíciles.

Como no recordarlos con sus tabletas de madera anotando los padecimientos Generales de cada uno de los pacientes qué les tocaba atender ,como no recordar el profesionalismo de nuestros hermanos camilleros no es una labor fácil se requiere de habilidades aprendidas en cursos de capacitación y de un sexto sentido para no lastimar a los pacientes, el camillero es como un familiar adentro del hospital, te traslada a tus exámenes, te traslada a la salida del hospital para partir a tu hogar o con la seriedad del momento te entrega a tus familiares para tu camino final sobre esta tierra.

Destaca la ética y la extraordinaria vocación de servicio de los profesionales de la salud. El sentido del deber cumplido de médicos, enfermeras, técnicos, laboratoristas, investigadores, y de todas aquellas especialidades que intervienen en el amplio y complejo tema de salud, me parece que hoy nadie puede escatimar o restar el reconocimiento y testimonio personal del arduo trabajo, profesionalismo, empeño y servicios que otorgan esta gran familia.

Diana Laura siempre serena, siempre amable conocía de los rigores del dolor al entrar al hospital pese a ello tenía una sonrisa hacia el personal ,después de pasar recepción conocía de ante mano lo que venía, no era nada agradable, pero siempre la recibía una mano amigable que le transmitía tranquilidad  ella esbozaba una sonrisa de afecto  conocía que después se enfrentaría a malestares terribles ocasionados por las sustancias que le aplicaban y que le causarían mucha inestabilidad, dolor, dolor, dolor pero siempre con una sonrisa de gratitud a sus compañeros médicos,  enfermeras y personal de apoyo del Instituto, no le importaba que la interrumpirán  continuamente para tomar sus signos vitales   en sus espacios de calma  en su cama de hospital, no se opuso nunca, eran sus amigos los recibía o despedía con una agradable sonrisa.

Este mal le permitió relacionarse con personajes de otros Institutos de Salud y siempre encontró una dedicación, una entrega y profesionalismo de estos excelente Mexicanos  que siempre están al frente de enfermedades contagiosas con alto riesgo para ellos, hoy al ver el retrovisor del tiempo su actitud no ha cambiado en muchas ocasiones están abrumados sentimos que no nos atienden, son humanos se cansan, son personajes que al igual que sus pacientes retirándose del hospital son semejantes a ellos en su vida mundana con satisfacciones y problemas.

Diana Laura los entendió y fue testigo de sus capacidades, siempre les otorgó una sonrisa y una gratitud infinita.  

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