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A quién jalarán la pata los 12 mil muertos de Puebla y los 180 mil del país

Diógenes el Cínico

Jesús Ramos

–Casi muero del susto comadre –dijo la viuda a la madrina de la Chivis, su hija la menor, con la mano oprimiéndose el pecho para que el corazón no le huyera como le huye ella misma al abonero–. Anoche como a las dos de la mañana, mientras dormía a pierna suelta, sentí claramente la áspera mano de tu compadre jalándome la pata. Yo pienso que el pobre se fue harto enojado conmigo, a su encuentro con el Señor, por no haberle hecho más la lucha pá que viviera otro ratito.
–¡Válgame Dios! –se persignó con agilidad felina la comadre sin ocultar el espasmo que le recorría del cuello a la espalda –. Así se ponen los muertitos comadrita, según me cuentan, cuando se mueren de repente y andan por ahí penando sintiéndose vivos inconformes con su nueva situación.
Cuando el muerto aún respiraba, al inicio de la pandemia, los hospitales públicos mostraron tres rostros al poblano y mexicano a granel; uno, publicitado por fuera con los colores y logotipos de la nueva administración estatal y federal; otro, contrastante por dentro con el pésimo servicio, falta de equipos y escases de medicamentos; y uno más, con cifras maquilladas y polvos cosméticos de brillantes tonalidades para seducir la verdad con la mentira.
El escéptico citadino da poco crédito a esto, pero los de pueblo tienen esa creencia, no sólo por sus profundas raíces culturales, sino por experiencias escalofriantes que viajan caprichosas de voz en voz. A quién jalarán la pata los casi 12 mil muertos de Puebla y los 180 mil del país.
El conteo de los muertos, para ubicar al responsable poblano y del país, carece de margen de error. A los vivos pueden engañarnos, a los difuntos no; ellos poseen dones que los sitúan en el cono de la verdad, a nosotros en el de la vergüenza, por ser susceptibles a las mentiras mal intencionadas de los altos funcionarios.
A quién jalarán la pata los 12 mil muertos de Puebla y los 180 mil del país. Los difuntos tienen claro que sus familias son las menos responsables de esta tragedia global del Covid-19, no así, los gobiernos que no dieron la importancia debida cuando el primer caso en territorio mexicano les dio el tiempo suficiente para diseñar estrategias certeras contra esta maldita enfermedad.
A quién jalarán la pata los 12 mil muertos de Puebla y los 180 mil del país. Los cadáveres que, apilados todos juntos, colman dos estadios aztecas, tendrán ubicados, con toda seguridad, a los ineptos administradores de la crisis sanitaria de Puebla y del país.
Y es que los buenos administradores se distinguieron de los pésimos gestores de la crisis, por la puesta en marcha de políticas públicas bien estructuradas: rápida aplicación de pruebas masivas, robustecimiento oportuno de la infraestructura sanitaria, protección de las fuentes de empleo, respaldo económico a las familias que se aislaron, comunicación con mensajes efectivos y responsabilidad y tino en su actuar.
Suponiendo, sin conceder, que el número de defunciones, en cifras oficiales sean las casi 4 mil víctimas de Puebla y las 70 mil del país, contabilizadas a la semana en curso, a quién jalarán la pata esas miles de almas en pena nada conformes con su partida.
Coinciden el Inegi, Conapo, Cenaprece, The Economist y la Universidad Libre de Berlín, al señalar que las autoridades gubernamentales contabilizan menos de una víctima fatal de Covid-19, de cada tres que se registran, lo que significaría que el tamaño real de la tragedia en México oscila en los 180 mil muertos, 12 mil de ellos poblanos. ¡Dios nuestro!, a quién del gobierno de Puebla y de Palacio Nacional jalarán la pata tanto difunto inconforme con su nueva situación, dijera la madrina de la Chivis.

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