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Mexicanos requieren de programas para solucionar su economía y no de un mundo diferente a la realidad

Víctor Barrera

Más allá de los halagos en boca propia, los mexicanos, al menos los que no están en la clase política, estuvimos esperando que Andrés Manuel López Obrador señalará la estrategia a seguir para crear los más de los casi tres millones de empleos perdidos este año, formales e informales, por causa de la pandemia del covid-19 y las malas decisiones en cuanto a una política económica, y que puedan fortalecer a las medianas, pequeñas y micro empresas con sus puertas abiertas.

Durante su informe de actividades, correspondiente al segundo año de gobierno, no escuchamos una política de fortalecimiento para las empresas, no las grandes empresas, sinos las que sirven como proveedoras de insumos para esas grandes empresas, puedan realizar las exportaciones de sus productos a cambio de recursos monetarios para todos.

Nunca escuchamos, más allá de la utilización de los recursos públicos en programas de asistencia social y no en la creación de empresas y fortalecimiento de las cadenas productivas para aprovechar la reciente puesta en marcha del Tratado comercial denominado T-MEC.

No son “los de arriba”, los que quieren escuchar agradecimientos, sino los de la clase media, casi desaparecida y los que forman el grueso de la población que se encuentra en algún nivel de pobreza, quienes esperamos escuchar la ruta para conseguir que este mal que es la pobreza, se acabe o disminuya y no aumente.

En tanto, los grandes empresarios, a quienes denomina como fifís, esperaron escuchar programas de trabajo conjunto, iniciativa privada y sector público, para inyectar productividad a México y por supuesto calidad de competitividad de los productos mexicanos para vender en el extranjero.

Una palabra que les devuelva la confianza de estos grandes empresarios para seguir invirtiendo en el país y no buscar otros lugares donde su capital genere ganancias.

Para que su dinero siga en México, generando empleos y por supuesto ventas que a su vez podrían en el corto y mediano plazo levantar nuevamente la economía de México en favor de poder establecer también, un incremento al salario de los trabajadores para tener una mejor calidad de vida.

Debemos entender que el capitula privado es el que genera la mayor parte de los empleos que no dependen del erario público y si esto no se da difícilmente veremos desarrollarse nuestra economía familiar y del país.

Los recursos públicos que se inyectaron en los programas sociales, solo son un paliativo para evitar que la clase más necesitada caiga en la pobreza de manera brutal, pero no implica necesariamente la reactivación económica que genere plusvalía para todos.

El consumo es muy estable, se mueve poco. Solo se ocupa para los necesarios y no mueve muchos otros sectores que puedan crear los empleos necesarios, por lo que es muy difícil que determine el ritmo de la economía.

Esto hace que miles medianos, pequeños y micro empresarios no puedan solventar los costos de una nómina de entre cinco o cuarenta empelados, en el mejor de los casos y por lo tanto su producción se reduzca siendo incapaces de proveer a las grandes empresas que salen a otras naciones a buscar esas empresas que puedan surtir de manera satisfactoria sus necesidades.

En esta nueva administración ha provocado que cuando se habla de empresarios solo se piense en aquellos que tiene una empresa gigantesca y que están en sus grandes oficinas solo firmando papeles y no en los medianos pequeños y micro, que desde sus pequeños talleres, o bodegas, todos los días salen a buscar a sus clientes para ofrecer sus servicios y así poder pagar a sus empleados.

Lo que estos miles de empresarios, grandes y pequeños están viendo es que la caída de la actividad económica les deprimió su demanda. No tienen clientes, no tienen pedidos. Y muchos han resistido, pero quizá no por mucho tiempo.

Si el gobierno creará un proyecto para alentar la actividad de estas miles de empresas, con créditos fáciles de pagar, el rumbo del país en el corto plazo cambiaría.

Si, con la vehemencia con la que el presidente habla de combatir la corrupción, hablara de apoyar a las micro, pequeñas y medianas empresas, se podría construir una estructura productiva nuevamente fuerte.

Un buena relación entre gobierno y empresarios no es solo invitarlos a sus eventos protocolarios, sino el inyectar recursos para que la estructura empresarial se mantenga, para que los millones de mexicanos tengan empleo y sus familias tengas ingresos suficientes para satisfacer sus necesidades básicas y un poco más.

La realidad presentada por López Obrador es diferente a la de millones de mexicanos y por ello la necesidad de que en corto plazo exista un proyecto, programa, acuerdo que permita a estos mexicanos estar tranquilos en su economía y no busquen salidas como el delinquir.

Pero será a partir de hoy cuando el gobierno decida cual camino escoger, el que ha elegido hasta el momento o el de crear un México fortalecido con capacidades de competencia internacional, eso lo veremos pronto.

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