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Cadena perpetua

Gansadas

Carlos Ferreyra Carrasco

Nadie, ni la propia afectada, tiene certeza de cómo terminará el caso de Rosario Robles, convertida no nada más en la presa del sexenio, sino en mártir y víctima de odios y complejos del Peje y ciertos asociados como la pareja diabólica de los Bejaranos.

Es inconcebible el señalamiento del presidente de que la Robles podría beneficiarse, como Lozoya, de la calidad de denunciante o de acusadora a troche y moche de quienes le ordenen señalar desde el poder supremo.

Lo que acontece en este asunto sería concebible y criticado si el escenario fuese la República Popular Democrática de Corea y la orden impartida por un mandatario de la dinastía Kim—I’ll.

En todo caso no debió ocurrírseles justificar el criminal acoso a la ex funcionaria, mencionando los criterios justicieros de Estados Unidos.

El fiscal Gertz Manero pide 21 años de cárcel para Rosario. Fundamenta su postura con el triste, falso e ilegal argumento de la falta de colaboración de la presa. Cierto, no hay disposición, como en el caso Lozoya, para aventar excremento frente al ventilador.

Despistado como ya es su estilo cotidiano, Andrés Manuel López Obrador afirma, seguro de lo que dice, que en Estados Unidos es usual la figura de colaborador.

Aunque el presidente mexicano intenta la imposición de sistemas y ciertas formas de organización social gringas como paradigma mexicano, lo cierto es que en el norte lo qué hay son los testigos protegidos, denunciantes a quienes se cambia identidad y hasta sitio de residencia.

Como chisme en las redes: cuando desapareció del mundo de los vivos el Ruiz Massieu que investigaba el asesinato de su hermano, se aseguró qué pasó al mundo de la protección.

Dotado de un acervo completo sobre narcos y funcionarios mexicanos metidos en el negocio, viajó con su familia a Estados Unidos donde fue detenido porque llevaba diez mil dólares y no los declaró.

Diez dólares menos y él lo sabía, no hubiesen significado delito. Por eso hay quien destaca que nadie vio el cadáver ni se supo más de la familia.

En el tema Lozoya, la obsecuencia del ex director de Pemex ha provocado errores de tal magnitud que ha atribuido fechas y escenarios para el cohecho, a personas que no pudieron estar ni en el sitio ni en el tiempo mencionado. No importa, mancha, que algo queda.

Resulta más que infame el comentario del presidente de que Rosario puede beneficiarse y asumir el papel de testigo colaborador, a cambio de revelar los nombres de posibles beneficiados en el trinquete Oderbrecht.

Sin embargo la Robles no es tonta. Está consciente de que su calvario tiene orígenes distintos a la justicia. Y que no por delatora tiene garantizada su excarcelación.

Para resumir: es increíble el poco juicio en el asunto de Robles. Verdadero ejercicio de mando absoluto, sin oposición ni uso de leyes, cuando el presidente revela que el hecho está ligado a su conveniencia y que la justicia, como las instituciones, se van al Diablo.

Y para eso cuenta con impresentables amanuenses, practicantes de la ciega obediencia: lo que usted ordene, señor Presidente. Gertz Manero dixit, Piedra Ibarra disimula y Sánchez Cordero acata…

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