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Justicia Virreinal

Gansadas

Carlos Ferreyra Carrasco

Anulada la Suprema Corte, invalidados los jueces por el simple expediente de condicionar los juicios bajo la norma del refrán de los mercachifles de La Merced, quienes aseguran que el mejor día del año, es cuando éste comienza.

En su usual forma de expresión, dicen de tal fecha que es “brimero denero”. Norma que siguen puntualmente nuestros juzgadores, a los que cada ocasión que les cae en las manos un asuntote, no saben qué hacer.

Y tienen razón. Mientras ratonean con delincuentes menores no hay problema porque tampoco hay capacidad ni recursos económicos o legales para reclamar la aplicación correcta de la ley.

Pero no es el caso de asuntos gordos, en los que confluyen, se mezclan y confunden los intereses del Estado con las posturas políticas o las posiciones de poder de los enjuiciados.

Digamos que siempre ha sido así. Sin embargo el ejercicio memorioso no nos lleva a situaciones como la actual, donde el presidente, en su advocación de virrey o de emperador de todos los mexicanos, no sólo se ha involucrado en un juicio, sin dictaminado los pasos de la justicia.

Hechos recientes: la pareja ocupante del Palacio, ésa modesta casita de interés social, reclaman y protestan porque alguien hizo referencia a su hijo Jesús Ernesto y lo identificó por el mote que la voz popular le adjudicó.

En verdad nada para alarmar a nadie, especialmente en un gobierno que decidió la marginación infantil en todas las formas posibles: no medicamentos, no guarderías, no vacunas básicas, en fin.

Pero la pareja imperial vociferó, reclamó y decidió lanzarse contra Twitter al que ridículamente exigieron la publicación de quiénes y cuánto costó esa publicación. Y claro, no desaprovecharon para asegurar que todo lo que se publica en contra, es financiado por sus fetiches favoritos, Salinas y Calderón.

Justicia presidencial, #conjesusitono. Ni con las elecciones que el propio mandatario dice que ya están en disputa. La mejor demostración, claro el rosario de denuncias del descalificado moral de apellido Lozoya, el que es objeto de trato especial y para que se entienda la razón, recordemos al anciano Gertz Manero.

Dice el Fiscal, garante de la justicia, que a Lozoya se le otorga trato deferente y distinto al que se aplica a Rosario Robles porque la señora no ha aceptado denunciar a posibles transgresores. No aceptó el papel de chivata y puede ser que aún si hubiese aceptado tan puerco papel, como Lozoya, no estaría en libertad.

Una tercia de enemigos lo impedirían, el mandatario en su papel de justiciero divino, y la pareja de René Bejarano y la Lola que lo acompaña, por cierto tía del juez que dictaminó el encarcelamiento usando una licencia de manejar falsa, que contiene los datos de la página internet de la ex funcionaria.

El presidente se quejó de que los medios no habían difundido los videos de Lozoya, como lo hicieron con los de Bejarano. Olvidó el mandatario los videos de Imaz, ex marido de Cheimbaun, también atascándose de dólares, ni el de su tesorero, encuerado por los medios que mostraron su casa, los coches, uno de ellos Ferrari o similar y la cereza del pastel: jugando cientos de miles de dólares en Las Vegas.

El video de Lozoya se ha repetido hasta la ignominia. Muestra a funcionarios del Senado empaquetando mazos de billetes para, según la explicación de Palacio, cohechar legisladores.

Aquí, dos medidas. Lozoya está prácticamente exculpado o perdonado porque le ordenaron recibir mordidas, repartirlas según instrucciones y, en síntesis, fue víctima del exceso de poder presidencial.

Los empleados que recibieron los paquetes tal como si hubiesen contenido tamales de chipilín u otra mercancía, son responsables y no pueden aducir inocencia aunque no hayan sido beneficiarios. Lozoya lo fue y datan del tiempo de la corrupción brasileña, la adquisición de tres inmuebles de altísimo valor, así como de prebendas y beneficios económicos familiares.

En la conciencia de López Obrador se encuentra la solución final a esta parte del problema. Bastará con que los ex empleados legislativos se comprometan a asegurar que “yo le di en propia mano el dinero a Anaya”. Con la cuestión de que el citado ya no estaba en las cámaras cuando se desató el maná y cayeron los dólares enviados por Pemex.

Pero el jefe nato de las Instituciones Nacionales, como describían antes al tlatoani en turno, reclamó que tampoco se conocían las denuncias de Lozoya, en las que apuntaba a los principales enemigos políticos de López Obrador.

Y nuevamente se aclaró el cielo y cayeron los nombres de quienes deberán aceptar su papel de inconscientes paleros de una elección que ya está en puerta y que tiene el atractivo de quince gubernaturas y la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, que permitirá anular la actual Carta Magna.

Dará paso y eso lo saben en el entorno del mandamás, para proponer la Constitución Moral que elaboran los Evangelistas que por hoy se limitan, en la mejor tradición de los Testículos de Jehová, a repartir la Cartilla Moral.

¿La justicia? Bien se seguirá aplicando bajo los códigos personales y los criterios imperiales de don Peje…

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