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AMLO atiende sus prioridades, no las nuestras; lo suyo es su autopromoción política

*”Honesto” y “congruente” el hombre

Socorro Valdez Guerrero

Cuanta razón de él, cuanta razón la suya. Sí, también de quienes defienden y denostan a los que lo critican. Verdades han emitido. Si es ¡Honestidad valiente! De ambos, del señor de los números de muertes, como de él, que gobierna “para todos”. Ahora entiendo. Ahora acepto cada frase, cada crítica, cada concepto, incluso contra mi gremio.

Sí, debo reconocer equivoqué mi crítica al no entender sus propias definiciones de honestidad, de combate a la corrupción, de esperanza, sus números y hasta su minuto de silencio. Verdades honestas que no alcancé a comprender, aunque eran evidentes.

Lo he visto, lo hemos visto y no lo quise aceptar. Con la salud fueron claros, tanto él como su subalterno. Hasta adelantó y advirtió “catástrofe”.

Reconocer su incapacidad para enfrentar una epidemia, es ¡honesto! Aceptar: “El problema no es para el presidente ni para mí (Gatell), el problema es para ustedes, es ¡Honesto! Y no lo entendí, no lo entendimos muchos, porque efectivamente, el problema es de nosotros, que buscamos solución médica para no morir, para no enfermar, para no contagiarnos. Y ya contagiados, para no enlutar a la familia.

Honestos, porque sabían que no tendríamos, aún con seguridad social, acompañamiento gubernamental en salud. Honestos, porque hasta el New York Time, lo entendió y lo difundió en su primera plana: “El miedo a los hospitales, la creencia que ahí los matan, incrementa los fallecimientos en México, porque acuden cuando es tarde, como sucedió con Víctor Bailón”.

Honestos, porque sobre todo él, públicamente desacreditó a nuestros médicos, los menospreció y trajo a cubanos, que premió y a los nuestros, los que siguen vivos y enfrentan la escasez de insumos, los reconoció tardíamente.

Honestos, porque descalificaron a nuestras farmacéuticas, a nuestros empresarios y recurrieron a los extranjeros. Honestos, porque son las familias las que enfrentan solas el contagio, la enfermedad y la muerte. Honestos, porque reconocen tácitamente fracaso en contención de contagios.

Honestos, el cubre boca, sirve para silenciar y no escupir. ¡No contagiar! Honestos, porque para ellos, sobre todo para él, en el país, ese aditamento, “no protege” y en el extranjero, ¡sirve!

Es el bozal que evita conflictos. Honestos, porque fueron claros, se desmarcaron de los errores de otros: “Cada gobierno es responsable en cada entidad de regresar a la nueva normalidad”.

Honestos, porque se dijeron sólo dadores de números de sospechosos, de contagios, y de fallecimientos. Honestos, porque sabe le vino bien la pandemia, “como anillo al dedo”, para culparla de errores pasados y exijan menos en el presente.

Honestos, porque manifestaron sus prioridades, no las nuestras. Porque era urgente emprender giras, comenzar la promoción política electoral, aún en pandemia. Porque era empujar la construcción del aeropuerto, del tren, y sólo impulsar la economía a conveniencia, no para beneficio de las familias mexicanas.

Honestos, porque abiertamente pidieron sometimiento ideológico y lo obtuvieron de muchos. Honestos, porque alentaron a cubrir solos necesidades indispensables hasta para alimentarse. “Un par de zapatos es suficiente”, aunque subalternos discretamente ocultaran relojes costosos.

Honestos, porque sabedor de dichos, y ante delitos prescritos, encierro en hospital. Pues la “jaula aunque sea de oro, no deja de ser pensión”.

Honestos, porque no escondieron amistades del pasado, verdaderos magos y escapistas, que sirven en diversas áreas para desaparecer sin rastros.

Honesto, porque reconoce la necesidad de tener a su lado narcotaficantes para no desatar guerra de ajustes. “Abrazos, saludos y no balazos”.

Honesto, porque evidencia su preferencia religiosa que no es la católica y lo protege hasta del virus, pues no ha enfermado. Honesto, porque no esconde su tirria contra cualquier profesión o negocio que permita la solvencia económica.

Muy honesto, porque muestra su odio a la opulencia, aunque reconoce que sus hijos deben tenerla para su futuro. Honesto, porque se alía abiertamente al poder mediático de los medios “poderosos y manipuladores”, para que contribuyan en la educación como él la quiere para su pueblo.

Honesto, porque evidencia abiertamente menosprecio por un Mexico con críticos. Honesto, porque revela que su lucha es adoctrinamiento y en favor del empobrecimiento integral de una sociedad, que sabe sometida, vulnerable y dependiente de dádivas y prebendas, con disfraz de ayudas, tarjetas de bienestar; despensas y apoyos económicos sesgados.

Honesto, porque dividir, sabe que sé vencer. Honesto, porque comparte su frustración, rencor y odio Honesto, porque persigue a los que pertenecieron al pasado, que tanto daño hicieron, y cuida a los que lo hacen para que sus “conocimientos” sirvan a su gobierno. Honesto, porque usa a esa “mafia del poder” para impulsar la cuarta transformación.

Honesto, porque premia periodistas que han servido en el pasado y los vuelve inmaculados en el presente. Honesto, porque comparte que muevan sus hilos en pro de su conveniente prensa y propias concepto de libertad de expresión.

Honesto, porque lo dice en discurso y los cobijada en la práctica. ¡Claro! Que torpeza la mía, es un gobierno ¡Honesto!, porque acuña su propio concepto de combate a la corrupción, a la opulencia, libertad de expresión, honestidad y esperanza. Y mi crítica ignorante a !Su! Concepto, ahora entiendo y veo, si es ¡Honesto! En sus conceptos.

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