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Obrador, Dios en el poder; la 4T, una simple fantasía

Contracolumna

José Martínez M.


– ¡Que pase el desgraciado!
El de Obrador es un gobierno de mentiras, de incongruencias, de ocurrencias.
Está peor que un talk show de Laura.
Y pensar que decían que Fox estaba loco.
Lo ha dicho Giuseppe Amara “la Presidencia no está diseñada para la salud mental”.
Lo dijeron Zapata y Villa, la silla presidencial “está embrujada”; en otras palabras quisieron decir que el que se sienta ahí se vuelve loco.
Tenían razón.
Ahora lo ha confirmado y archireconfirmado Víctor Manuel Toledo integrante del equipo presidencial.
Dice Toledo –titular de la Semarnat– que el gobierno de la cuarta transformación está lleno de contradicciones y que los miembros del gabinete presidencial están en permanente lucha por el poder.
Es evidente que entre los colaboradores del presidente Obrador no hay sintonía. Por eso el primero en renunciar al equipo fue Carlos Urzúa quien puso en evidencia que Obrador es un pésimo director de orquesta.
En su carta de renuncia (9/07/19) el exsecretario de Hacienda escribió los motivos:
“… Discrepancias en materia económica hubo muchas. Algunas de ellas porque en esta administración se han tomado decisiones de política pública sin el suficiente sustento. Estoy convencido de que toda política económica debe realizarse con base en evidencia, cuidando los efectos que ésta pueda tener y libre de todo extremismo, sea éste de derecha o izquierda. Sin embargo, durante mi gestión las convicciones anteriores no encontraron eco.
“Aunado a ello, me resultó inaceptable la imposición de funcionarios que no tienen conocimiento de la Hacienda Pública. Esto fue motivado por personajes influyentes del actual gobierno con un patente conflicto de interés.
“Por los motivos anteriores, me veo orillado a renunciar a mi cargo”.
¡Zas!
Un año después (17/07/20) se dio la renuncia de Javier Jiménez Espriú a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes:
“El motivo que le he expresado personalmente es mi diferendo por su decisión de política pública de trasladar al ámbito militar de la Secretaria de Marina, las funciones eminentemente civiles de los puertos, de la Marina Mercantes y de la formación de marinos mercantes, que han estado a cargo de la SCT desde 1970.
“Lamento profundamente no haber tenido éxito en transmitirle mi convicción y mi preocupación sobre la grave trascendencia que considero tiene medida para el presente y el futuro de México, tanto en lo económico como en lo político”.
Recontra ¡Zas!
Desde el inicio había el presagio de futuras tormentas, por esa simple razón Tatiana Clouthier coordinadora de la campaña presidencial de Obrador, prefirió no aceptar el encargo de una subsecretaría de Gobernación. Optó por quedarse con su diputación federal y esperar a competir por la gubernatura de Nuevo León.
En el equipo de Obrador nadie tiene voz ni voto. Solo sus chicharrones truenan.
El único que sobresale en el equipo presidencial es Hugo López Gatell, un subalterno del titular de la Secretaría de Salud, y ya vemos los funestos resultados de su gestión. Y se mantiene firme en el cargo pese a las decenas de miles de muertos por la pandemia.
Gatell es una simple marioneta del presidente y en cualquier momento puede terminar como chivo expiatorio.
Tenía mucha razón el presidente López Mateos cuando le dijo a su sucesor Gustavo Díaz Ordaz: “En México el Presidente tiene todas las dichas, salvos dos desgracias. Una de ellas es que todos te dicen que eres un dios. La otra es que terminan convenciéndote”.
Obrador, tan se siente dios en el poder que piensa en su inmortalidad. Lo ha dicho sin ambages: “Quiero pasar a la historia como el mejor presidente de México”.
Se siente un elegido que sueña con estar en un lienzo como un retrato de Dorian Gray con un rostro eterno que no envejezca con el tiempo y libre de pecados.
Lo malo es que el tabasqueño no entiende y es inconsciente de que su paso por el poder es efímero.
Obrador es un político obsesionado con la historia. La acomoda a sus intereses, a sus caprichos, a sus ideales pero en los hechos actúa en contra de la historia, en contra del sentido común y en contra de la ética.
No hay duda Obrador es un presidente perturbado.
En realidad se encuentra aislado en su propio mundo. Es el solitario de Palacio. Un presidente sobre el que reina la desconfianza y la temerosidad. De ahí su irritabilidad.
Se siente único, por eso no piensa, ni habla ni siente ni actúa como los demás. Es dios en el poder. Defiende sus canicas como un niño envidioso por eso de a poco lo han ido dejando solo en el juego.
Un hombre que está dispuesto a ser el Presidente hasta que sobreviva el último mexicano.
Pobre de Obrador.
Pobre de México.

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