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• AMLO, el soldado de las televisoras


José Martínez M.


Con un abrazo fraterno para mi colega y amigo Mouris Salloun George.


Semanas antes de concluir su mandato el presidente Peña Nieto consultó con su sucesor, el presidente electo Obrador para ampliar hasta el año 2041 la concesión de Televisa y Tv Azteca.
La solicitud fue aprobada sin contratiempos por el Instituto Federal de Telecomunicaciones. Todo era felicidad. Todos estaban a partir un piñón. Se cumplía así la sentencia de que “el poder no transforma, desenmascara”.
Obrador –quien durante años fue tratado con la punta del pie por las televisoras– ha sido prodigo con Azcárraga Jean y Salinas Pliego.
Nunca antes a las televisoras les había ido mejor en los negocios que con Obrador.
El guía moral de la cuarta transformación ha fortalecido al poder fáctico del duopolio televisivo.
El tabasqueño avaló la ampliación de la concesión, les devolvió los tiempos fiscales bajo el argumento de que su gobierno no necesita propaganda, porque, según él, está en comunicación directa con el pueblo y ahora les entregó un millonario contrato para que la televisión sea el conducto del sistema educativo a distancia.
Vaya, hasta el pertinaz crítico de las televisoras Jenaro Villamil, responsable del Sistema Público de Radiodifusión aplaudió y se congratuló de la firma.
Atrás quedaron las ofensas, las injurias y hasta las acusaciones de Villamil en contra de Azcárraga al que calificó públicamente de drogadicto y corrupto. VER ENLACE (https://twitter.com/amadoelquelolea/status/1290311063028858883?s=12)
Empleado de Tv Azteca durante largos años, el secretario de Educación esteban Moctezuma tuvo el ingenio de exculpar a las televisoras al descalificar la añeja sentencia de “lo que la escuela construye por la mañana, la televisión lo destruye por la tarde y la noche”.
Televisa y Tv Azteca son pilares mediáticos de la cuarta transformación. Salinas Pliego es “asesor presidencial” y Bernardo Gómez, vicepresidente de Televisa es “consejero especial” del presidente Obrador.
La residencia de este ejecutivo de Televisa es la sede alterna de Palacio Nacional. En esa casa Obrador ha negociado acuerdos internacionales y reuniones privadas de alto nivel. Jared Kushner, yerno y mano derecha del presidente Trump ahí selló acuerdos del gobierno de Estados Unidos con Obrador.
El poder de las televisoras está fuera de toda discusión. Son el verdadero cuarto poder. Ningún presidente, ningún político se ha atrevido a decirles NO. Su poder es inconmensurable.
En su momento el presidente Díaz Ordaz buscó imponerle un límite a dicha televisora, pero no pudo y terminó cediendo en una negociación el tiempo del gobierno para sus mensajes de 25 por ciento a 12.5 por ciento. Prerrogativa a la que renunció el presidente Obrador.
En 2005 pudimos atestiguar el poder de Televisa. En octubre de ese año surgió la iniciativa de la Ley Televisa con motivo de los famosos “paquetes publicitarios” de los candidatos presidenciales para las elecciones de 2006.
Como lo relatan las crónicas periodísticas de esa época, la orden de Televisa fue tajante. “No le cambien ni una sola coma”, fue la instrucción explícita, clara y contundente que dio el vicepresidente de Televisa, Bernardo Gómez. Los legisladores de todos los partidos la avalaron, aun cuando se trató de una contrarreforma a la Ley Federal de Radio y Televisión y a la Ley Federal de Telecomunicaciones.
Hubo quejas y se interpusieron recursos jurídicos ante el máximo tribunal de justicia del país. En primer lugar, el proyecto de resolución del ministro Sergio Aguirre Anguiano reveló que los principales senadores que se opusieron a la ley tenían razón al argumentar que esa contrarreforma haría prevalecer el imperio del dinero y la mercantilización por encima de las necesidades de derecho a la información, de pluralidad y calidad de los contenidos televisivos y de la necesidad de que el espectro radioeléctrico, “un bien público de la nación– no puede ser considerado patrimonio de quienes han embrutecido a la población, con contenidos de pésima calidad y han hecho un jugoso negocio con la pantalla”, pero de nada valieron los argumentos ventilados en la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
De ese tamaño es el poder de las televisoras.
La pregunta es ociosa: ¿Qué hacen los políticos con los medios? y ¿Qué hacen los medios con los políticos?
Con Vicente Fox, Televisa se arrodillaba a los pies de Marta Sahagún.
Con la cuarta transformación, Obrador se arrodilla a los pies de Televisa y Tv Azteca.
En los tiempos de Carlos Salinas de Gortari, el Tigre Azcárraga se declaró “soldado” del Presidente.
Con la cuarta transformación, el presidente Obrador se doblega como soldado de Televisa.
Así, Obrador pasó de la confrontación al contubernio. Azcárraga y Obrador se confabularon para sacar de Televisa a Joaquín López Dóriga y a Carlos Loret de Mola. La cabeza de ambos le fue entregada al tabasqueño en charola de plata.
Y si hay alguien a quien odie Obrador, ese alguien se llama Carlos Loret de Mola.
Loret se ha convertido en el notario de la corrupción y los grandes fracasos del gobierno de la cuarta transformación.
No hay duda, sin excepción todos los gobiernos han favorecido a Televisa. Hasta el más verraco y entusiasta de los panegiristas del proyecto obradorista, como Jenaro Villamil ha tenido que tragar sapos sin hacer gestos. Vaya, que terminar aplaudiendo a las televisoras de quienes les lanzaba escupitajos. Una actitud vergonzante.

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