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AMLO y Arvide, podredumbre; no tiene la culpa el indio…

Contracolumna

José Martinez M.

Para Enrique Serna, por su libro El Vendedor de Silencios

A propósito del descabellado nombramiento de Isabel Arvide como cónsul de México en Estambul, con todo respeto presidente ¿usted cree que sabe gobernar?
Ya lo sé. Usted ha dicho que gobernar no tiene ciencia, y ha reiterado que a sus colaboradores les pide 90 por ciento de honestidad y 10 por ciento de conocimiento. Vaya manera de aquilatar el intelecto y la capacidad de los servidores públicos.
Usted dice ahora que la designación de la señora Arvide “se debe a su preparación”, a que ganó un premio de periodismo y porque “no tiene malos antecedentes”.
De veras, me sorprende su angelical manera de “razonar”. ¡Qué romántico!
Usted que gusta hablar de manera coloquial, de seguro estará de acuerdo conmigo en la sabiduría de los refranes populares de llamar a las cosas por su nombre: al pan, pan y al vino, vino. Pues fíjese que hay un refrán que dice que “la culpa no es del marrano, sino del que le da de comer”, en otras palabras: “la culpa no es del indio, sino del que lo hace compadre”.
Ya sabemos que usted no tiene el más mínimo respeto por las instituciones. Mucho antes de ganar las elecciones usted las había mandado al diablo y ya en el poder lo hemos comprobado.
Usted mismo desconocía la existencia del Conapred y ordenó desaparecerlo. El Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, por si usted no lo sabía, fue una conquista de los ciudadanos y su lucha la enarboló un distinguido activista proveniente de las filas de la izquierda: Gilberto Rincón Gallardo.
Pero usted y su plan de “austeridad” ha dado al traste con toda la administración pública. Ya ve, ordenó la descentralización de todas las dependencias federales y resultó un fiasco. Ninguno de sus colaboradores del más alto nivel ha renunciado a su zona de confort y prefieren seguir despachando en sus atmósferas de un lujo desafiante, como usted mismo lo hace desde Palacio Nacional.
Cuando usted presentó juramento al cargo presidencial que ostenta leyó el contenido del artículo 87 constitucional: “Protesto guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen, y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de Presidente de la República que el pueblo me ha conferido, mirando en todo por el bien y prosperidad de la Unión; y si así no lo hiciere que la Nación me lo demande”.

Ya sabemos, que para usted la ley es letra muerta. Su palabra está por encima de las leyes y de las instituciones.
Ignora, y es más que obvio, las leyes que rigen nuestra diplomacia.
Pregunto: ¿acaso Isabel Arvide habla inglés? ¿Francés? ¿Con qué estudios cuenta? ¿En qué consiste su preparación? ¿Habla acaso el turco y los dialectos y las otras lenguas con las cuales se comunican sus habitantes?
Usted defiende al nombramiento de la señora Arvide, pues asegura que está preparada.
Yo lo dudo y exijo una respuesta, pues su nombramiento no es una representación personal de usted, un cónsul representa al país, a sus compatriotas y debe tener entereza moral y bien cimentados sus principios, comenzando por la ética. Un nombramiento no se debe dar por el simple “reconocimiento” a su trayectoria.
Las leyes que regulan y norman nuestra diplomacia estipulan, de acuerdo a los artículos 19, 20, 21, 22, 23, 24 y 25 de la Ley del Servicio Exterior Mexicano que “sin perjuicio de lo que dispone la fracción III del artículo 89 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, la designación de Embajadores y Cónsules Generales la hará el Presidente de la República, preferentemente entre los funcionarios de carrera de mayor competencia, categoría y antigüedad en la rama diplomático-consular”
Se establece, pues, que los diplomáticos de cualquier rango deben reunir los méritos suficientes para el eficaz desempeño de su cargo.
Usted sabe que los cónsules deben contar con conocimientos jurídicos, toda vez, que a la par de la representación diplomática tienen la responsabilidad de asumirse, en automático, como representantes ministeriales en ausencia del personal de la Fiscalía General de la República, además de tener la capacidad para promover acuerdos comerciales, entre otras responsabilidades.
Antes que la señora Arvide hay una lista interminable de honorables funcionarios diplomáticos de carrera que están a la espera de una oportunidad por contar con los conocimientos y los méritos suficientes.
Es una pena que una persona como la señora Arvide con antecedentes judiciales y con malos antecedentes profesionales le asigne usted una responsabilidad para la cual no está calificada.
Ya sabemos que eso a usted no le importa en lo más mínimo y en su gabinete hay funcionarios con pésima reputación y ahora la diplomacia mexicana es utilizada como un basurero.
Quizás los “méritos” de la señora Arvide, sean evaluados por los legisladores que tienen a cargo el refrendo de su aprobación, pero dudo que actúen en defensa de la dignidad de nuestro servicio diplomático.
No hace mucho su gobierno incurrió en una pifia con el escándalo del embajador Ricardo Valero que se robaba los libros en Argentina, asunto que acabó en un acto de impunidad.
Lo que no está a discusión es el comportamiento vil de la señora Arvide en contra de periodistas e intelectuales honorables como Héctor de Mauleón y Sergio Aguayo a quien la periodista de marras insultó y descalificó por el simple hecho de ser críticos de la cuarta transformación.
Hay muchos temas por tratar sobre el caso de la señora Arvide, defensora a ultranza de los personajes más nefastos del periodismo y del poder político como Carlos Denegri y Francisco Galindo Ochoa a quienes dedicó un poema al redactar un texto para descalificar al escritor Enrique Serna, autor de la novela El Vendedor de Silencio.

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