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Tres rostros; el perverso, de la ambicion y el del fracaso

Socorro Valdez Guerrero

Su pasado le condenaba. Las muertes de aquellos adolescentes en el “New’s Divine” la perseguían, pero para ella era más importante su ruta de ambición a un cargo de elección popular.

Su menuda figura y melosa voz daba toque inocente, pero sus acciones marcaban una vida de posible desequilibrio mental; de frustración, de deseo de estar y ser vista.

Esa sangre derramada en aquella discoteca de la calle Eduardo Molina, de la Nueva Atzacoalco, ahora estación de bomberos en honor a esas 12 personas que murieron por sólo disfrutar su juventud, no era olvidada por nadie. Todos recordaban la tragedia del 20 de junio de 2008, pero para ella, parecía no existir.

Seguía su inquebrantable lucha por llegar; primero había competido en 2015 por una diputación en el VII distrito local, después buscaba la jefatura de gobierno de la Ciudad de México en 2018. Antes había denunciado ser víctima de abuso sexual.

Siempre inmersa en escándalos que ella misma impulsaba. Había un notorio trastorno en esa diminuta mujer, que antes se vestía hasta de Tatiana -la actriz-. Tras cada denuncia había un interés oculto, una intención personal.

Quería destruir a quien consideraba responsable de no lograr sus objetivos. Ella quería ser legisladora. Se iba contra el hermano del presidente del Tribunal Electoral de aquel 2015. Arremetía también contra la esposa de ese magistrado a quien envidiaba por obtener la conserjería dentro de la Comisión de Derechos Humanos capitalina.

Además acusaba al cuñado, funcionario del Instituto Electoral del entonces Distrito Federal, a quien le atribuía deficiente defensa. A él le destruía más que su honorabilidad pública, ¡su matrimonio! Su obsesión era incansable. No cesaba.

Tenía resentimiento hasta contra sus propios familiares. Discriminaba a su hermano por su color de piel y se avergonzaba de su madre, una mujer que se ganaba la vida en la venta de pollo en un puesto del mercado de la Bondojo, revelaban cercanos.

Lograr un cargo legislativo era su anhelo, su desquiciamiento. Denunciaba también a un diputado local por acoso laboral. Perdía amigos por su ambición y recuperaba a otros con el mismo fin. Incluso se aliaba subterráneamente con notarios, y con quienes también buscaban la destrucción.

Funcionarios la apoyaban y creían sus mentiras. El líder de un partido político la utilizaba para sus propios fines. Un ex secretario de institución capitalina le ponía un bufete jurídico. Buscó apoyo con muchos, y sólo algunos se lo dieron.

En el pasado sirvió de cómplice para cubrir los errores en la muerte de esos jóvenes de la discoteca. Cercana colaboradora de un actual alcalde, quien también la usaba para sus fines políticos. Aquellos que tenían ambición política se le acercaban, como aquel dirigente, cuya organización política perdió su registro nacional en 2015.

Otro, de una organización social y su esposa, con ideología de derecha, y ambos denunciados por fraude con recursos público, la ayudaron, la empujaron a cometer maldades políticas. Esa mujer preparada en leyes falseaba, inventaba y usaba a su propia abuela de más de ochenta años, como testigo/denunciante para sustentar mentiras.

Ella, la señora de edad ni su familia, estaban enterados que fue utilizada como testigo de lo que supuestamente denunciaba. Todo lo transformaba. Su carrera, de derecho, lo torcía. Pedía falsificar firmas de supuestos denunciantes. Su rostro reflejaba la maldad y la ambición despiadada.

Se había avejentado en sólo cuatro años de incansable obsesión. Su precaria salud, a consecuencia de una falla renal y un trasplante fallido mermaba su salud, pero no la detenían.

Tampoco ese pasado de sangre ni su militancia en el PRD. Ella perseguía, acosaba, mentía, pero se decía víctima. Y aunque el caso del “New’s Divine” le cerraba su carrera política, su obsesión la alentaba.

Ella se decía inocente, pero las muertes, el archivo de noticias de diversos periódicos y vox populli, la condenaban.

Esa desaparecida discoteca seguía ahí en las mentes de todos, como era presente también que ella, la que quiso legislar, la que fue quien junto con otros funcionarios debió asegurar que operará en total regularidad ese establecimiento.

Era en ese entonces una funcionaria de verificación y reglamentos cuando la tragedia en GAM. Bastaba googlear su nombre para que apareciera: “Investigada por el caso New’s Divine”; “Denuncia acoso sexual”, “acoso laboral”; “Impugna designación de…”; “Lady democracia”.

Parecía que todo el mal le perseguía. Un libro que circulaba en esa red -Horas Infaustas, la tragedia del New’s Divine”- La evidenciaban como cobarde al esconderse tras las bocinas cuando en ese momento de muerte de los jóvenes, vio en otros enojo por cerrarles la puerta y abrierles el paso a la muerte.

Nadie entendía que odio la invadía a promover más de doce denuncias, todas con mentiras, pero verdaderas para destruir a una organización política a funcionarios a instituciones o a personas. Incluso a adversarios políticos o amigos que la apoyaban y la dejaban al ver su empecinamiento.

Era igual que muchos y muchas que se desarrollaban en la política. Criticaba, evidenciaba en redes, en algunos medios que sólo escuchaban su voz. Hasta por ser “malas amigas” y “violar su confianza” se quejaba públicamente.

Usaba incluso a legisladoras locales de Morena de la séptima legislatura para sus fines; también las engañaba, se victimizaba, y la victimizaban. Manipulaba por su condición de mujer.

Ella la que no supo ni aclaró esas muertes en el “New’s Divine” había convertido en su fortaleza la manipulación. Pedía “justicia” en conferencia de prensa, con la esposa de un antigüo jefe, funcionario actual de la demarcación Gustavo A. Madero, y ajusticiaba. Usaba a las legisladoras para pedir lo que no ofreció a esas familias de jóvenes muertos.

Era su grito de “justicia, de acoso laboral, sexual, daño psicológico, de integridad de víctima”. Después seguía denunciando de todo, desde misoginia, hasta discriminacion por género y violencia política ¡Inventaba! Hasta amenazas. Se creía sus propias historias. Su arma constante era mentir, manipular medios de comunicación y ser ¡Mujer! Víctima. Se decía lastimada constantemente por todos.

Usaba pequeños medios de comunicación, las redes sociales, incluso a columnistas de periódicos nacionales; a pequeñas revistas y conductores de televisión para promover su verdad. Hacia de la manipulación noticia y su propio éxito. Era hábil para aparecer ante la opinión pública en medios que sucumbían ante una información que invitaba al escándalo y lograr ocupar cargos en la política.

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