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La DEA, ángeles guardianes

De memoria

Carlos Ferreyra Carrasco

Esta es una historia con muchos asideros, el principal, que el agente de la DEA, Enrique Kiki Camarena, mexicano nacionalizado gringo y como tal, enemigo de los mexicanos de quienes se aprovechó para enriquecerse.

Originalmente Kiki Camarena trabajó al lado del trío que controlaba la siembra, el cultivo, proceso industrial, transporte y venta de, principalmente, mariguana.

Fue denunciante del rancho El Búfalo, en Chihuahua donde recolectaron nada menos que 18 mil toneladas de la droga. Era lo que se consumía principalmente en Estados Unidos.

Las drogas químicas o de diseño, como gustan llamarlas los adictos, apenas eran un sueño aunque ya despuntaban las metanfetaminas, cuya producción se concentraba en Colima.

Muchas lunas recorrieron el firmamento desde el día que los buenos vecinos del norte decidieron organizar el cuento del sacrificio del policía yanqui y su piloto personal. Porque Kiki gozaba del uso personal de un helicóptero, vivía en colonia de lujo y gozaba de las excelencias del buen vivir.

Cuando murió se creó la Operación Leyenda tras la cual y sin investigaciones, se extendieron certificados de culpabilidad. Los tres principales acusados, Don Neto, Ernesto Fonseca, patriarca del narco; Miguel Ángel Félix Gallardo y Rafael Caro Quintero.

Digamos que como daños colaterales, fueron señalados un médico al que se acusó de vigilar que durante las torturas no se muriese el policía gringo. El galeno fue secuestrado y presentado a juicio en una corte del sur, misma que lo dejó en libertad por la ilegalidad de su apresamiento.

Un cuñado de Luis Echeverría también fue indiciado por ser el propietario del inmueble donde se desarrollaron los hechos. Casa que tenía en alquiler y por razón obvia no era responsable de lo que allí sucediera.

Lo creyó; en dos ocasiones aceptó presentarse ante las autoridades que en el norte investigaban el asunto. Fue, declaró, regresó y en una actitud rayana en la tontería, volvió a petición de las autoridades. Ya no regresó, murió tras años de confinamiento y juicios irregulares en la cárcel a la que acudió en muestra de buena fe. O de inocencia.

Caro Quintero fue liberado en 2015 tras 28 años embotellado. Inconformes, desde el norte se pidió su reaprehensión en 2017. Está prófugo pero se ofrece una recompensa de 20 millones de dólares por su captura.

Según información publicada por dos diarios neoyorquinos, nuevamente se abrió el expediente completo del agente al que se presumen graves delitos, narcotráfico uno de ellos, y complicidad no sólo con autoridades mexicanas sino con altos cargos políticos de Estados Unidos.

En México, por cierto, se había señalado la mano ejecutora de uno de los jefazos de la estación local de la DEA. El apellido, Kuikendal, fue manejado y hubo una investigación muy a cargo de la reportera Jeanette Becerra Acosta en la que, recuerdo, se involucraba a autoridades del país del norte.

Hubo más: un extraño gráfico que fue entregado al Senado vía un legislador de Chihuahua, mostraba un sol central llamado rancho Las Cabras, propiedad del gobernador de Sinaloa, Antonio Toledo Corro. A cada rayo del dibujo se enlazaba otra figura igual y así se cubría el firmamento de los ranchos mariguaneros. Se daban los nombres de los propietarios, entre los que destacaban Marcelino Garcia Paniagua, Javier de iguales apellidos y varios políticos del Bajío, Michoacán y Jalisco.

El documento se trasladó a las autoridades correspondientes sin que tuviésemos posteriores noticias del tema. Ya saben, el sigilo de las investigaciones, la secrecía judicial convertida en tapadera.

En uno de los ranchos ubicado en Michoacán, se dijo que era el lugar del asesinato del policía y su piloto, un joven de apellido Avelar. Hubo un gran despliegue de tropas, tiros a pasto, muertos en número desconocido y de pronto se decidió buscar por otra parte.

El expediente ha sido reabierto en Estados Unidos. Menciona a ciertos miembros de la familia de Javier García Paniagua. Por ahora no se permite consultar el estado de las averiguaciones, pero si ahondan en el asunto habrá muchas sorpresas.

Y no todas serán para México. En tiempos del Kiki ya se hablaba del infame tráfico de armas bajo control comercial de policías yanquies y nacionales.

En una visita a los criaderos de caballos del Ejército, decidí alargar mi estancia para reportear a los holandeses y gringos agricultores, mexicanos según conveniencia, allí presencié lo que luego se publicó en el diario donde trabajaba:

En áreas de cultivo muy extensas, laboraban varios miles de campesinos trasladados desde el sur del país. Era un rancho de producción de mariguana, del que salían tráileres cargados de la yerba rumbo al norte.

Cada tractor y su respectiva caja sellada, era acompañada por dos patrullas de la Policía Federal, una abriendo camino y la otra resguardando la carga. Y esto era a diario…

Detrás del trafique de mariguana, se movía una disputa entre los gobiernos de México y de Estados Unidos, interesados ambos en apropiarse de tan sustanciosos recursos en dólares.

Versión: por solicitud del presidente De la Madrid hubo una reunión entre personeros oficiales y los tres narcos que se comprometieron a concentrar sus recursos en México. Camarena no lo pudo impedir. La reacción fue el asesinato del policía y la culpabilización de los traficantes.

Con la apertura del caso, según la prensa gringa, podrían descubrirse los presuntamente verdaderos culpables: los agentes destacados en México por la DEA.

¿Verdad, mentira? Quizá nunca lo sepamos…

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