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LA CACOCRACIA DE OBRADOR Y UN PAÍS ASESINO

Contracolumna

 

AMLO, DIABLO GUARDIÁN DE LAS ELECCIONES

José Martínez M.

México es un país enardecido donde todos los días nos levantamos para contar cadáveres.

A lo largo de los años esa ha sido una rutina.

Matanza de familias completas, masacres de campesinos e inmigrantes. Secuestro y desaparición de estudiantes. Líderes sociales y ecologistas asesinados. Mujeres violentadas y desaparecidas. Periodistas ejecutados.

Lo peligroso es que hemos asumido la violencia como una segunda naturaleza. Estamos inmersos en un país con un grave problema de salud pública. Un país asesino donde nos matamos unos a otros por cualquier motivo y si no inventamos cualquier pretexto para matarnos.

Lo peor de todo ha sido la irrupción desde los escombros de un falso profeta político que vendió a millones de incautos la promesa de acabar con toda esta mierda con su “estrategia” de ‘abrazos, no balazos’.

Qué tan corresponsable es el presidente Obrador como seguramente lo son sus antecesoresde todo este escenario macabro que nos ha marcado como un país asesino.

Cadáveres más cadáveres menos el resquebrajamiento del país abarca los últimos siete sexenios con el florecimiento de la narcopolítica. Tiempo atrás reinó la guerra sucia. La violencia era más selectiva y convergente. Un sistema político que aniquilaba a sus enemigos políticos.

Después el poder y el narco dieron paso a una nueva generación de la violencia.

Hemos transitado por varias etapas políticas pero ha seguido imperando un mismo régimen sustentado en la corrupción política y las parcelas y cuotas de poder. Los adjetivos de nuestra democracia, si se le puede llamar así, han variado con el paso de los años. Pero ahora estamos inmersos en la cacocracia.  

Nos gobiernan, es un decir, los peores políticos, los menos preparados y una administración caótica frente a un país con los peores ciudadanos, esa muchedumbre, que legitima las acciones absurdas del gobierno, mediante consultas amañadas, tómbolas y rifas.

Un país donde muy pocos leen y están poco informados pero cuya desesperación por manifestarse los hace expresarse de múltiples maneras en las redes sociales. La nueva plaza pública donde se discute, como en una babel, pero donde se percibe la frustración de una sociedad harta de sus gobernantes. Una opinión pública divida que corresponde a la incitación que desde la tribuna de Palacio Nacional polariza a la sociedad y manipula la información.

La agenda de los problemas del país es complicada: crisis sanitaria y económica (productividad, desempleo, inversión); violencia exponencial (crece cada vez más rápido en el tiempo) y elecciones de medio gobierno.

Con su voto los mexicanos tendrán en sus manos la decisión de refrendar o reprobar al gobierno de Obrador. Los comicios se efectuarán el 6 de junio de 2021, se elegirá a los 500 miembros que integran la Cámara de Diputados y simultáneamente se elegirán los diputados de los congresos de las 32 entidades del país.

Lo peor es que el propio presidente Obrador se quiere erigir en el juez de las próximas elecciones. Ha amenazado con “vigilar” los comicios. Su injerencia rompe con el más elemental principio democrático.

Una inmensa mayoría de mexicanos están hartos del gobierno de la llamada cuarta transformación. Los mexicanos no quieren que se sigan contando cadáveres, quieren un país sin violencia, que el Estado fortalezca las instituciones y ejerza su derecho a la violencia legítima del estado contra el crimen organizado, que se castigue a la delincuencia, que no haya matanza de familias ni masacres de campesinos e inmigrantes. Que se ponga un alto al secuestro y la desaparición de estudiantes. Que cese el acoso a los líderes sociales y ecologistas, que las mujeres no sean violentadas ni desaparecidas y que no haya más periodistas ejecutados.

Los mexicanos no quieren un Presidente que sea amigo de los narcos, porque los narcos no son pueblo, son criminales que destruyen al país, un gobierno sin funcionarios corruptos, un Presidente que respete las leyes, que no diga más mentiras y que fortalezca las instituciones en lugar de destruirlas.

Como nunca antes México está pagando muy caro por la incompetencia e ineptitud del gobierno de la cuarta transformación donde la corrupción se ha vuelto “habitual”. Una corrupción sistemática.

Funcionarios sin ética en la cuarta transformación que han asumido el poder como un botín.

Vivimos en el gobierno de la cacocracia. Un presidente que ha impuesto un sistema político degradado donde no caben los talentosos sino los peores, los menos preparados. Un gobierno que tolera a los criminales.

El presidente lo reconoció cuando con cinismo no se le puede llamar de otra maneraseñaló que él mismo dio la orden de liberar a Ovidio Guzmán, un criminal impresentable, cuya liberación dejó un saldo de más de una docena de muertos, decenas de heridos y medio centenar de reos fugados, daños a vehículos militares y un helicóptero.

En el país se seguirán contando cadáveres, mientras Obrador sigue hablándonos de sus ideologías y atacando a las de sus rivales mientras la gente se distrae con las fechorías de sus colaboradores cleptócratas de la que él tampoco es ajeno.

Este es uno de los temas de la agenda de las próximas elecciones, donde el presidente está empecinado en ser el diablo guardián de los comicios.

 

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