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COLUMNAS

LA SOCIEDAD CIVIL VS OBRADOR

Contracolumna

José Martínez M.

Si Vicente Fox sacó al PRI de Los Pinos a patadas, la sociedad civil va hacer lo mismo con Obrador. Lo van a sacar de Palacio porque las cosas en el país se están haciendo mal. Obrador enfrenta un serio problema porque carece de un sólido capital social basado en la confianza, la honestidad y la transparencia. Y porque mintió en sus intenciones antes de someterse al veredicto de las urnas.

Obrador tiene a la economía mexicana en un desastre. Se han perdido millones de empleos, no habrá crecimiento en por lo menos dos años, está poniendo en riesgo el futuro de las nuevas generaciones y a los pobres los está dejando en una situación peor de pobreza. Y aun así sueña con su rocambolesca idea de la cuarta transformación.

El PRI buscaba perpetuarse en el poder y se mantuvo en él por más de siete décadas. Peña Nieto terminó como el sepulturero del PRI. Con la alternancia en el poder el PAN, durante largos 12 años, no pudo sustraerse de los viejos vicios del sistema político mexicano. Fox y Calderón decepcionaron a su partido y al electorado.

Hartos de tanta corrupción los mexicanos votaron por un cambio, aunque hay que reconocerla apatía de casi 30 millones de mexicanos que no acudieron a las urnas y otros 25 millones que siguieron confiando en esos partidos. Otros 30 millones de mexicanos votaron por Obrador y los candidatos de Morena, pero no lo hicieron por un proyecto político, sino como una forma de decir basta a la corrupción y la impunidad de la clase política.

Obrador supo capitalizar el descontento social y ofreció el paraíso, lo malo es que gobierno ha resultado un infierno. Esa situación lo ha ido llevando a perder gradualmente su base de sustentación político-electoral.

Es cierto Obrador ganó las elecciones. Pero sus dos baluartes, la legitimidad y la legalidad, los ha tirado al cesto de la basura de Palacio Nacional por su ceguera y cerrazón.

Lo que no ha sabido ganar Obrador es el respeto y la admiración de la mayoría de los mexicanos. Por lo tanto su gobierno carece del aval social y de los consensos políticos.

Retador, ahora dice que se está a favor o en contra de la “transformación”. En otras palabras lo que dijo fue “o eres mi amigo o eres mi enemigo”.

Lo mismo dijo el presidente George W. Bush cuando el atentado a las torres gemelas de Nueva York, “O estás con nosotros o estás con los terroristas”.

En nuestro contexto político las palabras de Obrador tienen un significado especial porque no sabe razonar ni dialogar, e incluso es muy malo para discutir porque tiende a polarizar y a descalificar.

Él ha insistido en polarizar para dividir y ganar adeptos fanatizando a sus simpatizantes. Al mismo tiempo ha propiciado un descontento social que poco a poco ha ido tomando cuerpo para constituirse en lo que podría ser un verdadero contrapeso a su gobierno. Los frentes “antiamlo” han ido creciendo de manera constante y se han ido extendiendo por todo el país.

También hay grupos de choque auspiciados por Morena y el gobierno de Obrador para infiltrarse en el naciente movimiento de la sociedad civil. El propósito de estos grupos de choque obradoristas son la provocación para generar represión y desestabilización. Eso ya lo hemos percibido y atestiguado en Baja California y Jalisco.

Obrador en tanto ha roto las reglas del protocolo sanitario de la pandemia para reiniciar sus giras por el país para atraer simpatías y mantener fieles a sus fuerzas vivas. Ha politizado la crisis sanitaria. Ha mentido sobre el costo sanitario (de muertos y contagiados por el coronavirus) para tratar de minimizar el gran fracaso de su gobierno.

Su interés fundamental está en las próximas elecciones de medio gobierno. Su objetivo es contar con un Congreso a modo que lo respalde para imponerse en el poder y buscar reelegirse.

En la realidad esa conducta caciquil lo ha caracterizado toda su vida.

En la historia mexicana la figura del cacique ha estado presente. No hemos podido liberarnos de esa figura y del contrapeso dramático en el que ha persistido durante décadas.

Por desgracia Obrador ha creado un coto de poder superior a los de cualquiera de los legalmente constituidos. Los excesos de este personaje que cada vez se vuelve más siniestro.

Obrador, es producto de la pasividad del entorno que le ha permitido alcanzar tales poderes.

Los únicos que pueden frenar su insaciable apetito de poder son los miembros de la sociedad civil. Los partidos están rebasados.

Ahora la sociedad civil y los escépticos que forman la mayoría de los ciudadanos tienen en sus manos el poder del voto. El voto es el mejor antídoto contra el autoritarismo y las tiranías.

Habremos de profundizar en próximas entregas sobre el tema de la partidocracia.

Obrador ha sabido manipular a sus simpatizantes. Lo mismo hizo Fox cuando se comprometió a un cambio. Fox Dijo: “prometo ser honesto, trabajar un chingo y ser poco pendejo”.

Al final Obrador es una copia de Fox.

*José Martínez M., es periodista y escritor.

 

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